jueves, 7 de noviembre de 2019

NO ES LA PRIMERA NI SERÁ LA ÚLTIMA


Esta jornada en Cochabamba fue violenta, dolorosa, y profundamente indignante. El estado de ánimo colectivo se torna más y más reactivo. No es para menos. Estamos frente a un escenario de injusticia cada vez mayor.

Nos robaron el voto, se estornudaron en el resultado 21 F. Tuvimos que aceptar la ilegalidad, y nos sometimos a ir a elecciones con un participante trucho, ilegal, inconstitucional, y a estas alturas, ilegítimo.

Descaradamente quieren amañar los resultados, y somos nosotros los golpistas. Todos los días nos tildan de racistas, de discriminadores, de derechistas, y un montón de  epítetos que no nos quedan a la mayoría.

Hagamos números, tratemos de ver el panorama grande.

Convocaron al referéndum del 21 F, hubo fraude, hicieron todo lo posible por ganar, no fue suficiente.

Inventaron un ejercicio extraño y caro. Las elecciones primarias. Nadie competía con nadie, y en esas condiciones, Evo consiguió 35%, adentro de su propio partido, y sin oponente. Luego maquillaron un poco para evitar más vergüenza.

El verdadero propósito era retirar de la escena a las plataformas ciudadanas, y fue un éxito gracias a los ridículos residuos que quedaban de los partidos políticos de antaño. Lógicamente, la siguiente “foto” muestra a varios extintos por no alcanzar porcentajes mínimos, y dos siglas salvadas por el alquiler que lograron.

En resumen, eliminaron plataformas, y los partidos se eliminaron solitos. La oposición en Bolivia no existía más.

Cometieron el tremendo error de quemar nuestros bosques. Provocaron que la ciudadanía salga a las calles a protestar, y a simple vista los cabildos contaron con más o menos 50% del padrón electoral. Podemos especular con un porcentaje adicional que no asistió, que no pudo asistir, o que estaba prohibido de asistir (funcionarios públicos). No creo estar loco si pienso en 70 % movilizado en disconformidad con el gobierno.

Las encuestas pre electorales, invariablemente compradas por alguien, mostraban un panorama bastante distinto. 15 o 20 % inflados en el oficialismo, y obviamente en detrimento de los números de la oposición.

El resultado de la transmisión rápida TREP, el día de elecciones mostraba porcentajes distintos a las encuestas pre electorales, y se acercaba a los indicadores de calle, que pudimos ver todos. No podemos asumir que el conteo rápido no tenía nada de manipulación, pues sale de las mismas actas que ahora son prueba de fraude.

En resumen, el oficialismo cuenta con 30 o 35% real de voto en el país.
La oposición, atomizada, tiene el 60 a 65% restante.

Ahí está la gran disposición que tiene el MAS para ir a la segunda vuelta. De hecho, tiene aseguradas las mayorías camarales, y podría contar con cierto aire de impunidad por los próximos cinco años. Sabemos que es un tema existencial para ellos, y no renunciarán tan fácilmente a este paraguas judicial. La situación en las calles, a 15 días de paro y movilización ciudadana, muestra más o menos las mismas proporciones.

Su situación de minoría es potenciada en base a discurso radical, a pagos diarios, multas,  y enervar a las bases con conceptos muy fuertes, racismo, separatismo, fundamentalismo. Son usados con mucha ligereza, pese a que son los causantes de la mayoría de los conflictos sociales y bélicos en la historia.

La mayoría que detenta la oposición se ve disminuida esencialmente por fenómenos muy naturales y humanos. Falta de liderazgo y organización, discrepancias entre fracciones, temor y exceso de precaución de algún sector, e indiferencia de mucha gente.

Llegamos a una especie de empate, equilibrio de fuerzas,  y por supuesto la dificultad de encontrar salidas y soluciones satisfactorias para todos o al menos la mayoría.
El desarrollo del conflicto puede ser muy largo, muy esforzado, y también muy
 doloroso. Si entramos en la famosa espiral de violencia, no hay duda de que perdemos todos. Ninguno de los bandos tiene una superioridad que ofrezca un final rápido del conflicto. Podríamos llorar muertos y más muertos, en ambos bandos, y no encontrar nunca el final. Los ejemplos en la historia son muchísimos.

Tras dos semanas de conflicto, todos estamos cansados, preocupados, agobiados por el día a día, y seguramente por las obligaciones, que no están en paro.

Ocurre algo parecido en el otro bando. Los policías están cansados de las pésimas condiciones que viven mientras están acuartelados. Los movimientos sociales, que son trasladados lejos de su casa, tienen pocas condiciones para mantener el espíritu combativo, y el presupuesto que necesitan es bastante significativo.

Pienso que el nivel de violencia ejercido por los ciudadanos movilizados ha sido mínimo, pese al hostigamiento permanente,  y la parcialidad que ha mostrado la policía. La estrategia de “ciudad fantasma” ha funcionado muy bien, y seguramente ya ha salvado muchas vidas. Además creo que es adecuada, porque los ciudadanos no somos combatientes entrenados, no tenemos estructura organizativa ni cadena de mando.  Sin contar con que no tenemos armamento, y no estamos dispuestos a matar.

No podemos cometer el error de entrar en un juego que no conocemos, que nos hace muy vulnerables, y que puede diezmarnos muy rápidamente. Hoy contamos con los compañeros de bloqueo, con los maravillosos motoqueros, con el apoyo desinteresado y la solidaridad del vecino. Si vamos a la confrontación, no sabemos con qué contaremos mañana. Todos tenemos familia, responsabilidades, y especialmente amor y respeto por la vida.

No hay donde perderse. No es la primera, ni será la última situación de apronte y de amenaza de guerra. El mundo ha vivido esto muchas veces. Nuestra mayor posibilidad está en ser firmes, aguantar lo que sea necesario, no confrontar, “ciudad fantasma”, desaparecer y aparecer (ratón), bloquear y seguir estrangulando las arcas del estado. Estoy seguro que ellos agotan sus recursos mucho antes que nosotros.

NADIE SE CANSA !!!  NADIE SE RINDE !!!


Hector Castro G.  *  07 Noviembre 2019

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