Bolivia entera, para bien o para mal, está preocupada por la inédita tensión desatada entre el Presidente Rodrigo Paz y el Vice Edman Lara.
La campaña
electoral, terriblemente atípica, planteaba escenarios surrealistas. Demasiadas
interferencias distorsionaron el proceso. Desde la incertidumbre sobre la
realización de las elecciones, hasta el inédito desenlace en una segunda
vuelta, pasando por el “aborto” de la unidad de la oposición, las frustradas
amenazas de que aparezca un “outsider”, las mentiras de Samuel, la “guerra
sucia” de Duran Barba, y el relato (o no) de la guerra intestina del masismo.
Los
resultados finales salvaron varias dudas (al menos para la opinión pública):
- · Se hizo una elección creíble. Las voces que reclamaron “fraude” responden más a fanatismos que a factos.
- · La
guerra al interior del MAS es verdadera. Morales y Arce destruyeron la
hegemonía del MAS por sus intereses y egos.
- · El
mercado de encuestas y exposición mediática está en su auge. Siempre hay un par
de puntos en venta, y la invitación a candidatos está restringida al rating.
Claure y Doria Medina lo demostraron fehacientemente.
- · Tuto
Quiroga, asesorado por Duran Barba fue muy denostado por la guerra sucia. Nadie
repara en la estrategia de Ana Iparraguirre que inventó a Samuel como candidato
de oposición, sin mostrar jamás la encuesta secreta que desató la suciedad en la
contienda.
- · El
electorado boliviano rechaza al masismo tanto como a la cultura neoliberal. Una
combinación de narrativa y experiencia propia.
- · Fernando
Cerimedo, asesor de Rodrigo Paz, fue el creador de los famosos tweets racistas de
JP Velasco.
- · La
segunda vuelta se acepta como legal, pero su legitimidad queda muy cuestionada.
Los candidatos a Presidente no necesariamente representaban a la mayoría.
- · Mentir
en campaña es mucho más efectivo que decir la verdad. Acudir a financiamiento
de organismos internacionales, como Rodrigo Paz, con el equipo económico de Samuel,
es más efectivo que ser honesto como fue Tuto Quiroga hace varios años.
Un par de
semanas después del traspaso del mando hay varias conclusiones que sacar. No
hay nada que sorprenda, salvo que el análisis previo haya sido contaminado por
ilusiones, esperanzas, deseos o simple ingenuidad.
Rodrigo Paz
se dedicó a blanquear las barbaridades de su acompañante de fórmula. Imagino
que, tarde en la noche, justo después de apagar la luz, la Bibi le decía que
estaba preocupada. Rodrigo afirmaba con certeza que todo está bien, un poco
para evitarle el stress, pero principalmente para convencerse a sí mismo que la
carga se arregla en el camino, aunque sabía y sentía que nada estaba bien. Todo
sea por conseguir los votos, lo único importante en ese momento.
Rodrigo
nunca proyectó tranquilidad o convicción cuando tenía que improvisar su mensaje
para parchar el cotidiano agujero que perforaba su compañero de fórmula. La
permanente tarea de apagar el incendiario Tiktok de Lara seguramente cambió
totalmente su estrategia electoral, pero le alivió en gran manera su necesidad
de ocultar su falta de contenido y propuesta electoral. El daño que el paco
causaba le sirvió para llegar a un electorado que era inalcanzable para el
hijito de Paz Zamora.
A estas
alturas está muy claro que la brecha entre ambos personajes es insalvable.
Rodrigo en su esfuerzo por construir el gobierno que soñaba, pero no pensaba, y
un Lara obnubilado por los reflectores, el ruido de los medios, los
guardaespaldas, la vagoneta Mercedes Benz, los aviones a disposición, y
especialmente la cantidad de seguidores en sus redes, colisionan en la cima del
poder.
Obviamente
hay una tremenda batalla de egos y fundamentos más racionales. Uno armado de
legalidad y legitimidad. El otro obnubilado de popularidad.
El problema
es que esta batalla se libra en un escenario que plantea reglas distintas para
cada uno:
El Estado (o
“la patria” como afirma Rodrigo Paz) se circunscribe a la Constitución, las
leyes y la comunicación oficial.
Edman Lara
responde a la plebe (“mi gente” le dice) y al Tiktok.
No hay forma
de cuantificar la legitimidad de cada uno. Bolivia es una sola, es Estado, es patria,
es nación y es gente.
La única
forma de dilucidar esta surreal dicotomía estará basada en los aciertos y
errores de cada uno. Lo que está claro es que el resultado determinará el
destino de Bolivia como país, más allá del pensamiento y convicción de cada uno
de nosotros. La elección de 2025 ha determinado resultados que responden a la
realidad nacional.
El voto
inteligente, el voto tarado, el voto ilustrado, el voto ignorante, el voto
indiferente, y el voto aleccionado, han arrojado un resultado que ha sido
aceptado por todos. Ahora hay que aceptar sus consecuencias. Haber votado por
Rodrigo significa haber votado por Lara, inexcusablemente. En la papeleta
electoral había solamente dos opciones. No se podía votar solamente por
Rodrigo, sin Lara. Reitero, el voto tiene consecuencias. Si eres parte del 55%,
ganaste ¡ No tienes derecho de reclamar.
Rodrigo Paz
consiguió el 55% en la segunda vuelta. Hay quienes dicen que Lara consiguió el
60 o 70 % de los votos, es decir que Lara obtuvo el 33 o 38 % del total. Si
quieren llegamos al 40% de votos por Edman Lara.
Tuto Quiroga
consiguió el 45%. Edman Lara el 40%. Rodrigo Paz el 15%.
El tercero es
Presidente, igual que su papá.
Hector
Castro G. * 22 noviembre 2025