Los politiqueros, los demagogos y los asesores de campaña saben que es necesario encontrar algún concepto, slogan o idea que conquiste y convenza al electorado. Normalmente se busca algo que toque la sensibilidad de clase, de etnia, de color o de región.
Algo tan abstracto
como “50/50” prometía ser tan efectivo que hasta el gordito de los millones y
los “onion rings” se permitió copiar, sabiendo que no tenía sentido racional
alguno.
¿Qué es el 50/50?
¿Es dividir todos los ingresos del estado con las regiones? ¿Es compartir todos
los recursos y competencias? ¿Es dejar que cada departamento se haga cargo de
los impuestos generados en su región y comparta la mitad con Bolivia?
Ninguna de
las posibilidades anteriores es posible. No desde el modelo de país que
establece la Constitución, desde la realidad nacional y menos desde el anhelo
de las regiones más desarrolladas. Bolivia no funciona así.
La “promesa”
de Rodrigo Paz simplemente no es factible. No es más que la buena intención de
un candidato que no tenía verdadera aspiración de llegar al poder. Hoy se
encuentra con que “otra cosa es con guitarra”.
El 50/50 no
tiene forma, no es un plan de gobierno, no es un modelo de país, no tiene la
intención de cambiar Bolivia. Está claro que el 50/50 no es nada más que uno de
los slogans que Rodrigo utilizó en su campaña. Pura demagogia.
Más allá de
buscar la forma de redistribuir recursos y competencias, de tratar de encontrar
el camino de las autonomías verdaderas, el improvisado gobierno apuesta por
seguir en campaña, trata de posicionar su relato, sin entender que ya pasó el
tiempo de engatusar a la gente.
Ahora hay
una conciencia más regional en Santa Cruz, que es el verdadero objetivo
político, donde operadores ineptos y desprestigiados como Luis Fernando Camacho
ya no son efectivos para vender el humo de un gobierno que ha demostrado no
tener nada más que improvisación en su plan, ineptitud en su manejo de crisis,
oscuridad en su manejo económico, tibieza en la renovación que Bolivia necesita
y mucha niebla en temas de corrupción. 32 maletas, unos billetes robados y
grandes sospechas de negociados en los carburantes han sido suficientes para
pintar la cara de un presidente que se esfuerza sin éxito por mostrarse
diferente a los inmorales gobiernos anteriores.
Ni siquiera
vale la pena hablar de la bocona de Andrea Barrientos. No es más que una intrascendente
anécdota. Puede decir lo que quiera. No es más que un fusible posicionado por
Samuel.
La verdad es
que, en el mejor de los casos, lo más que podría llegar al 50% es la
coparticipación en 5 impuestos, que actualmente se distribuyen en el
equivalente al 25 o 30%, que inciden en menos del 20% de los ingresos
departamentales, así que no tendría mayor trascendencia.
Repartir la
economía nacional en 50% para 9 gobernaciones, 340 municipios, universidades y
pueblos indígenas, manteniendo el otro 50% para la administración central, no
cambia que Bolivia tiene un déficit del 12%, es decir que sus ingresos no
alcanzan para cubrir sus gastos.
Demandar el
50% de los recursos de un estado deficitario no es ninguna maravilla para nueve
regiones que no tienen la capacidad de gestionar su economía. Es dividir el
problema entre 9 enanos lisiados, deformes y analfabetos. Ni que decir de los
municipios o de las otras instancias autonómicas.
Bolivia está
en crisis. No vive la bonanza de 2010-2014.
Si Rodrigo
Paz fuera inteligente y no le interesaría “la patria”, con gusto entregaría el
50/50 y “que se jodan” todos. Pero estoy muy seguro que no es inteligente y
quiero creer que le interesa “la patria”, aunque no tiene la más pálida idea de
qué hacer con ella.
Una vez más,
a los bolivianos les encanta que les mientan. Por eso votaron a Evo en 2005, a
Arce en 2020 y a Rodrigo en 2025.
Hector
Castro G. * 05 marzo 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario