El gobierno de Rodrigo Paz es el resultado democrático y legítimo de la elección nacional de 2025. No hay duda. Los bolivianos votaron por él, o por Edman Lara, y lograron el triunfo electoral en la primera y la segunda vuelta.
No voy a
analizar la estúpida anécdota que fue el “Capitán Lara”, que hoy no significa
absolutamente nada. No vale la pena dedicarle una sola línea, y ojalá sus
votantes asuman su responsabilidad para que nunca más cometan el mismo error.
Lo que jamás
haré es olvidar que Rodrigo Paz instrumentalizó el caudal de votación de Lara
con la única intención de ser presidente (así no sepa o no pueda gobernar). Él
fue quién eligió a Edman Lara, para bien o para mal, pero nadie le obligó a hacerlo.
Han
transcurrido seis meses del gobierno de Paz Pilatos, algunos le dicen Pereira,
pero está claro que su discurso se basa en lavarse las manos y jamás asumir que
buscaba ser presidente sin tener forma de ser gobierno. Son 180 días en los que
utiliza su labia y acude a un populismo demagógico que le resulta bastante
efectivo. No se puede olvidar que su auditorio es bastante ignorante, es el que
votó en 2020 por el “genio de la economía”.
Bolivia está
en problemas como consecuencia de esta mentalidad muy poco educada, torcida e
ideologizada por intereses de la izquierda corrupta transnacional de las ONGs,
que lucran del narcotráfico y de mantener a grandes poblaciones pobres y
necesitadas.
Cuba, China,
Rusia e Irán han financiado y trabajado durante muchos años en Bolivia. No
empezaron en 2006 con el MAS. Lo hicieron varios años antes para conseguir que
el MAS llegue al poder.
Prometieron
muchas cosas interesantes, justicia social, redistribución de la riqueza,
equidad e inclusión. Los resultados son evidentes. Bolivia no está mejor que
antes. Aunque algunos encuentren lunares de éxito, Bolivia no ha desarrollado
ninguna base productiva, no ha cambiado en nada, no es diferente. Las promesas
de la izquierda no se han hecho realidad, aunque pasamos un ciclo de inigualables
ingresos por exportaciones. Nunca antes tuvimos tanto dinero ni posibilidades
de construir un aparato productivo sostenible. Evo Morales y el MAS prefirieron
hacer campaña en vez de hacer país.
Hoy, en mayo
de 2026, tras haber expulsado a semejante régimen de despilfarro, de corrupción
y de ineficiencia, tenemos a un presidente que cree en la foto, los likes y el
discursito barato que conquista en redes sociales. Pese a que sabe que no
soluciona ningún problema, que no reforma ninguna estructura ni conduce a
Bolivia a mejores días, prefiere escuchar a su asesor de campaña, Fernando Cerimedo,
que le asegura ser popular, aunque haya desperdiciado una oportunidad histórica
de llevar a Bolivia por un camino de reconducción y crecimiento imprescindibles.
Seguramente
voy a ser criticado por muchos que creen que criticar al gobierno abre el
camino al retorno del masismo, pero debo afirmar con mucha certeza y convicción
que el gobierno de Rodrigo Paz, en su afán de quedar bien con todos, es el que
garantiza precisamente eso que no queremos.
Rodrigo Paz
está allanando el camino a la debacle, al retorno de esa retórica llamada
izquierda.
En la
política, en la vida, en el día a día, no existe esa posición de “centro”, no
hay lugar para la tibieza. Bolivia necesita ser conducida por un camino claro y
cierto. Es imprescindible llevar adelante un régimen claro y fuerte, de
libertad y mercado libre, o de colectivismo y socialismo. Después de 20 años
creo que está claro el camino.
Rodrigo Paz
ganó la elección, es el presidente legal y legítimo. Hoy no puede estar en
campaña. Hoy tiene que gobernar, le guste o no.
Lamento
mucho que no tenga la capacidad de hacerlo. Pero no es su culpa. Es de quienes
votaron por él. Los mismos que votaron por Evo en 2005 y por Arce en 2020.
Como dijo
Confusio: Ajo y agua, A JOderse y AGUAntarse.
Hestor
Castro G. * 9 mayo 2026