sábado, 9 de mayo de 2026

AJO Y AGUA

 

El gobierno de Rodrigo Paz es el resultado democrático y legítimo de la elección nacional de 2025. No hay duda. Los bolivianos votaron por él, o por Edman Lara, y lograron el triunfo electoral en la primera y la segunda vuelta.

No voy a analizar la estúpida anécdota que fue el “Capitán Lara”, que hoy no significa absolutamente nada. No vale la pena dedicarle una sola línea, y ojalá sus votantes asuman su responsabilidad para que nunca más cometan el mismo error.

Lo que jamás haré es olvidar que Rodrigo Paz instrumentalizó el caudal de votación de Lara con la única intención de ser presidente (así no sepa o no pueda gobernar). Él fue quién eligió a Edman Lara, para bien o para mal, pero nadie le obligó a hacerlo.

Han transcurrido seis meses del gobierno de Paz Pilatos, algunos le dicen Pereira, pero está claro que su discurso se basa en lavarse las manos y jamás asumir que buscaba ser presidente sin tener forma de ser gobierno. Son 180 días en los que utiliza su labia y acude a un populismo demagógico que le resulta bastante efectivo. No se puede olvidar que su auditorio es bastante ignorante, es el que votó en 2020 por el “genio de la economía”.

Bolivia está en problemas como consecuencia de esta mentalidad muy poco educada, torcida e ideologizada por intereses de la izquierda corrupta transnacional de las ONGs, que lucran del narcotráfico y de mantener a grandes poblaciones pobres y necesitadas.

Cuba, China, Rusia e Irán han financiado y trabajado durante muchos años en Bolivia. No empezaron en 2006 con el MAS. Lo hicieron varios años antes para conseguir que el MAS llegue al poder.

Prometieron muchas cosas interesantes, justicia social, redistribución de la riqueza, equidad e inclusión. Los resultados son evidentes. Bolivia no está mejor que antes. Aunque algunos encuentren lunares de éxito, Bolivia no ha desarrollado ninguna base productiva, no ha cambiado en nada, no es diferente. Las promesas de la izquierda no se han hecho realidad, aunque pasamos un ciclo de inigualables ingresos por exportaciones. Nunca antes tuvimos tanto dinero ni posibilidades de construir un aparato productivo sostenible. Evo Morales y el MAS prefirieron hacer campaña en vez de hacer país.

Hoy, en mayo de 2026, tras haber expulsado a semejante régimen de despilfarro, de corrupción y de ineficiencia, tenemos a un presidente que cree en la foto, los likes y el discursito barato que conquista en redes sociales. Pese a que sabe que no soluciona ningún problema, que no reforma ninguna estructura ni conduce a Bolivia a mejores días, prefiere escuchar a su asesor de campaña, Fernando Cerimedo, que le asegura ser popular, aunque haya desperdiciado una oportunidad histórica de llevar a Bolivia por un camino de reconducción y crecimiento imprescindibles.

Seguramente voy a ser criticado por muchos que creen que criticar al gobierno abre el camino al retorno del masismo, pero debo afirmar con mucha certeza y convicción que el gobierno de Rodrigo Paz, en su afán de quedar bien con todos, es el que garantiza precisamente eso que no queremos.

Rodrigo Paz está allanando el camino a la debacle, al retorno de esa retórica llamada izquierda.

En la política, en la vida, en el día a día, no existe esa posición de “centro”, no hay lugar para la tibieza. Bolivia necesita ser conducida por un camino claro y cierto. Es imprescindible llevar adelante un régimen claro y fuerte, de libertad y mercado libre, o de colectivismo y socialismo. Después de 20 años creo que está claro el camino.

Rodrigo Paz ganó la elección, es el presidente legal y legítimo. Hoy no puede estar en campaña. Hoy tiene que gobernar, le guste o no.

Lamento mucho que no tenga la capacidad de hacerlo. Pero no es su culpa. Es de quienes votaron por él. Los mismos que votaron por Evo en 2005 y por Arce en 2020.

Como dijo Confusio: Ajo y agua, A JOderse y AGUAntarse.

 

Hestor Castro G. * 9 mayo 2026

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿50/50… CON QUE SE COME?

Los politiqueros, los demagogos y los asesores de campaña saben que es necesario encontrar algún concepto, slogan o idea que conquiste y convenza al electorado. Normalmente se busca algo que toque la sensibilidad de clase, de etnia, de color o de región.

Algo tan abstracto como “50/50” prometía ser tan efectivo que hasta el gordito de los millones y los “onion rings” se permitió copiar, sabiendo que no tenía sentido racional alguno.

¿Qué es el 50/50? ¿Es dividir todos los ingresos del estado con las regiones? ¿Es compartir todos los recursos y competencias? ¿Es dejar que cada departamento se haga cargo de los impuestos generados en su región y comparta la mitad con Bolivia?

Ninguna de las posibilidades anteriores es posible. No desde el modelo de país que establece la Constitución, desde la realidad nacional y menos desde el anhelo de las regiones más desarrolladas. Bolivia no funciona así.

La “promesa” de Rodrigo Paz simplemente no es factible. No es más que la buena intención de un candidato que no tenía verdadera aspiración de llegar al poder. Hoy se encuentra con que “otra cosa es con guitarra”.

El 50/50 no tiene forma, no es un plan de gobierno, no es un modelo de país, no tiene la intención de cambiar Bolivia. Está claro que el 50/50 no es nada más que uno de los slogans que Rodrigo utilizó en su campaña. Pura demagogia.

Más allá de buscar la forma de redistribuir recursos y competencias, de tratar de encontrar el camino de las autonomías verdaderas, el improvisado gobierno apuesta por seguir en campaña, trata de posicionar su relato, sin entender que ya pasó el tiempo de engatusar a la gente.

Ahora hay una conciencia más regional en Santa Cruz, que es el verdadero objetivo político, donde operadores ineptos y desprestigiados como Luis Fernando Camacho ya no son efectivos para vender el humo de un gobierno que ha demostrado no tener nada más que improvisación en su plan, ineptitud en su manejo de crisis, oscuridad en su manejo económico, tibieza en la renovación que Bolivia necesita y mucha niebla en temas de corrupción. 32 maletas, unos billetes robados y grandes sospechas de negociados en los carburantes han sido suficientes para pintar la cara de un presidente que se esfuerza sin éxito por mostrarse diferente a los inmorales gobiernos anteriores.

Ni siquiera vale la pena hablar de la bocona de Andrea Barrientos. No es más que una intrascendente anécdota. Puede decir lo que quiera. No es más que un fusible posicionado por Samuel.

La verdad es que, en el mejor de los casos, lo más que podría llegar al 50% es la coparticipación en 5 impuestos, que actualmente se distribuyen en el equivalente al 25 o 30%, que inciden en menos del 20% de los ingresos departamentales, así que no tendría mayor trascendencia.

Repartir la economía nacional en 50% para 9 gobernaciones, 340 municipios, universidades y pueblos indígenas, manteniendo el otro 50% para la administración central, no cambia que Bolivia tiene un déficit del 12%, es decir que sus ingresos no alcanzan para cubrir sus gastos.

Demandar el 50% de los recursos de un estado deficitario no es ninguna maravilla para nueve regiones que no tienen la capacidad de gestionar su economía. Es dividir el problema entre 9 enanos lisiados, deformes y analfabetos. Ni que decir de los municipios o de las otras instancias autonómicas.

Bolivia está en crisis. No vive la bonanza de 2010-2014.

Si Rodrigo Paz fuera inteligente y no le interesaría “la patria”, con gusto entregaría el 50/50 y “que se jodan” todos. Pero estoy muy seguro que no es inteligente y quiero creer que le interesa “la patria”, aunque no tiene la más pálida idea de qué hacer con ella.

Una vez más, a los bolivianos les encanta que les mientan. Por eso votaron a Evo en 2005, a Arce en 2020 y a Rodrigo en 2025.

 

Hector Castro G. * 05 marzo 2026