COMETIMOS ERRORES, NO DELITOS
Hace unas
décadas en la historia, o hace muchísimo tiempo en política, un grupo de
bolivianos encontraba desesperadamente una forma de blanquear su comportamiento.
Afirmaban haber cometido errores, no delitos.
Lo cierto es
que eran una fuerza política que realmente necesitaba alguna forma de financiar
su propuesta, y no encontraron más maravillosa manera que asociarse con
narcotraficantes que les paguen propaganda, bolsas de fideo, galones de aceite,
quintales de azúcar y harina, y aviones
para recorrer el territorio para hacer campaña.
Eran tiempos
en los que el narcotráfico recién comenzaba a preocupar a la opinión pública
nacional. La gente no lograba comprender que la cocaína mataba jóvenes y niños
en todo el mundo.
Oscar Eíd,
el segundo del MIR, pasó 4 años preso en el “panóptico” de San Pedro de La Paz,
por haberse vinculado con el “Oso” Chavarría, connotado narcotraficante. Fue un
orgulloso “chivo expiatorio”, que se inmoló por la causa.
Hoy, 30 años
después, este mismo personaje, junto a su líder, Jaime Paz, y otros famosos
añejos políticos, construyen un experimento electoral. Su retoño tiene 58 años
y se presenta como “renovación”. Tiene trayectoria política de más de 25 años,
con todo lo que esto conlleva.
Rodrigo Paz
Pereira, después de trabajar más de dos años, recorrer muchísimos kilómetros de
carreteras nacionales, visitar muchos municipios, y construir un discurso muy
útil para su campaña, no consiguió medir algo importante en la carrera
electoral. Los “dinosaurios” Quiroga y Doria Medina estaban mucho más arriba.
Entre las cavilaciones
de los “cardenales del MIR” y la fuerte intención de entender el éxito del MAS,
era lógico encontrar una “prótesis” popular, populista, que tenga presencia en
redes sociales y que se presente como “renovación”. Apareció un personaje
misterioso que arrastraba mucho apoyo. El “Capitán Lara”, no importa porqué,
era el tipo ideal para acompañar al constructo del entrañable e impoluto
mirismo.
Casi como
señal divina, el hijo del gran Jaime Paz Zamora junto a este extraño engendro
de “la modernidad de las redes” era la apuesta perfecta para alcanzar el cielo
con las manos. Los miristas, añorálgicos, creían vivir un verdadero orgasmo,
delicioso por improbable. Así fue tras conocerse el resultado de la primera
vuelta electoral, pero poco sabían lo que pasaría cuando su comodín caído del
cielo se enfrente a las cámaras y el escrutinio público. Los “likes” y la
avalancha de seguidores en redes eran un universo desconocido y menospreciado
por ellos. No había que ser “influencer” para ser un “cardenal”. Jamás se
prepararon para lidiar con el “hate”, con el “doxeo” o con lo que llaman “guerra
sucia”, que es simplemente la publicación del llamado “open source”. Jamás
imaginaron un universo en el que no hay secretos.
Rodrigo
muestra que es parte de las generaciones caducas e ignorantes. No es
renovación, de ninguna manera. Su discurso de victimismo solamente se acoge a “cometimos
errores, no delitos”.
Elegir a su
acompañante de fórmula sin entender lo que tiene por detrás, fue el peor error
que cometió. No lo entiende, así que no sabe cómo controlarlo.
El MIR y los
Cardenales terminarán fracasando, simplemente porque no entienden el mundo y
Bolivia en 2025. Rodrigo Paz va a ser un personaje intrascendente en la
historia, porque pese a sus buenas intenciones no supo entender la nueva
lógica. Edman Lara, el tiktoker, el “capitán”, batirá records de seguidores,
creará ilusiones, pero no llegará a ser nada más.
Bolivia, su
Constitución, su gente, su forma de vida, es mucho más que “likes” y popularidad
en redes. Mucho menos en discursos de la izquierda setentera.
Samuel
presentó a José Luis Lupo, sin duda el mejor preparado y con la mejor
trayectoria. Pero, por muy bueno que sea, es el pasado.
Tuto lo
entendió a tiempo, por eso eligió a JP Velasco, que fue muy rechazado al
principio, pero claramente es la opción que busca ver al futuro.
Para mí está
claro que estos conceptos de pasado y futuro son tremendamente difíciles de
entender. Soy de los que usan la IA como Google o cualquier buscador, y sé que
esto es absolutamente absurdo e ignorante, (obviamente no al nivel de
Pomacusi), pero me falta mucho.
Lo cierto es
que Rodrigo Paz se ha metido en un tremendo dilema. Lara le representa el 50 %
de su votación, y al mismo tiempo le resta 50% de lo que consiguió en la
primera vuelta.
Por eso
necesita crear esa extraña y a veces absurda narrativa, que naturaliza lo que
su “paco” dice casi cada día.
“Son
errores, no delitos”, se repite cada noche, cuando intenta conciliar el sueño.
Hector
Castro G. * 13 septiembre 2025
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