sábado, 13 de septiembre de 2025

COMETIMOS ERRORES, NO DELITOS

Hace unas décadas en la historia, o hace muchísimo tiempo en política, un grupo de bolivianos encontraba desesperadamente una forma de blanquear su comportamiento. Afirmaban haber cometido errores, no delitos.

Lo cierto es que eran una fuerza política que realmente necesitaba alguna forma de financiar su propuesta, y no encontraron más maravillosa manera que asociarse con narcotraficantes que les paguen propaganda, bolsas de fideo, galones de aceite, quintales de azúcar y harina, y  aviones para recorrer el territorio para hacer campaña.

Eran tiempos en los que el narcotráfico recién comenzaba a preocupar a la opinión pública nacional. La gente no lograba comprender que la cocaína mataba jóvenes y niños en todo el mundo.

Oscar Eíd, el segundo del MIR, pasó 4 años preso en el “panóptico” de San Pedro de La Paz, por haberse vinculado con el “Oso” Chavarría, connotado narcotraficante. Fue un orgulloso “chivo expiatorio”, que se inmoló por la causa.

Hoy, 30 años después, este mismo personaje, junto a su líder, Jaime Paz, y otros famosos añejos políticos, construyen un experimento electoral. Su retoño tiene 58 años y se presenta como “renovación”. Tiene trayectoria política de más de 25 años, con todo lo que esto conlleva.

Rodrigo Paz Pereira, después de trabajar más de dos años, recorrer muchísimos kilómetros de carreteras nacionales, visitar muchos municipios, y construir un discurso muy útil para su campaña, no consiguió medir algo importante en la carrera electoral. Los “dinosaurios” Quiroga y Doria Medina estaban mucho más  arriba.

Entre las cavilaciones de los “cardenales del MIR” y la fuerte intención de entender el éxito del MAS, era lógico encontrar una “prótesis” popular, populista, que tenga presencia en redes sociales y que se presente como “renovación”. Apareció un personaje misterioso que arrastraba mucho apoyo. El “Capitán Lara”, no importa porqué, era el tipo ideal para acompañar al constructo del entrañable e impoluto mirismo.

Casi como señal divina, el hijo del gran Jaime Paz Zamora junto a este extraño engendro de “la modernidad de las redes” era la apuesta perfecta para alcanzar el cielo con las manos. Los miristas, añorálgicos, creían vivir un verdadero orgasmo, delicioso por improbable. Así fue tras conocerse el resultado de la primera vuelta electoral, pero poco sabían lo que pasaría cuando su comodín caído del cielo se enfrente a las cámaras y el escrutinio público. Los “likes” y la avalancha de seguidores en redes eran un universo desconocido y menospreciado por ellos. No había que ser “influencer” para ser un “cardenal”. Jamás se prepararon para lidiar con el “hate”, con el “doxeo” o con lo que llaman “guerra sucia”, que es simplemente la publicación del llamado “open source”. Jamás imaginaron un universo en el que no hay secretos.

Rodrigo muestra que es parte de las generaciones caducas e ignorantes. No es renovación, de ninguna manera. Su discurso de victimismo solamente se acoge a “cometimos errores, no delitos”.

Elegir a su acompañante de fórmula sin entender lo que tiene por detrás, fue el peor error que cometió. No lo entiende, así que no sabe cómo controlarlo.

El MIR y los Cardenales terminarán fracasando, simplemente porque no entienden el mundo y Bolivia en 2025. Rodrigo Paz va a ser un personaje intrascendente en la historia, porque pese a sus buenas intenciones no supo entender la nueva lógica. Edman Lara, el tiktoker, el “capitán”, batirá records de seguidores, creará ilusiones, pero no llegará a ser nada más.

Bolivia, su Constitución, su gente, su forma de vida, es mucho más que “likes” y popularidad en redes. Mucho menos en discursos de la izquierda setentera.

Samuel presentó a José Luis Lupo, sin duda el mejor preparado y con la mejor trayectoria. Pero, por muy bueno que sea, es el pasado.

Tuto lo entendió a tiempo, por eso eligió a JP Velasco, que fue muy rechazado al principio, pero claramente es la opción que busca ver al futuro.

Para mí está claro que estos conceptos de pasado y futuro son tremendamente difíciles de entender. Soy de los que usan la IA como Google o cualquier buscador, y sé que esto es absolutamente absurdo e ignorante, (obviamente no al nivel de Pomacusi), pero me falta mucho.

Lo cierto es que Rodrigo Paz se ha metido en un tremendo dilema. Lara le representa el 50 % de su votación, y al mismo tiempo le resta 50% de lo que consiguió en la primera vuelta.

Por eso necesita crear esa extraña y a veces absurda narrativa, que naturaliza lo que su “paco” dice casi cada día.

“Son errores, no delitos”, se repite cada noche, cuando intenta conciliar el sueño.

 

Hector Castro G. * 13 septiembre 2025

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