viernes, 21 de noviembre de 2025

EL TERCERO ES PRESIDENTE, OTRA VEZ.

Bolivia entera, para bien o para mal, está preocupada por la inédita tensión desatada entre el Presidente Rodrigo Paz y el Vice Edman Lara.

La campaña electoral, terriblemente atípica, planteaba escenarios surrealistas. Demasiadas interferencias distorsionaron el proceso. Desde la incertidumbre sobre la realización de las elecciones, hasta el inédito desenlace en una segunda vuelta, pasando por el “aborto” de la unidad de la oposición, las frustradas amenazas de que aparezca un “outsider”, las mentiras de Samuel, la “guerra sucia” de Duran Barba, y el relato (o no) de la guerra intestina del masismo.  

Los resultados finales salvaron varias dudas (al menos para la opinión pública):

  • ·  Se hizo una elección creíble. Las voces que reclamaron “fraude” responden más a fanatismos que a factos.
  • ·    La guerra al interior del MAS es verdadera. Morales y Arce destruyeron la hegemonía del MAS por sus intereses y egos.
  • ·    El mercado de encuestas y exposición mediática está en su auge. Siempre hay un par de puntos en venta, y la invitación a candidatos está restringida al rating. Claure y Doria Medina lo demostraron fehacientemente.
  • ·    Tuto Quiroga, asesorado por Duran Barba fue muy denostado por la guerra sucia. Nadie repara en la estrategia de Ana Iparraguirre que inventó a Samuel como candidato de oposición, sin mostrar jamás la encuesta secreta que desató la suciedad en la contienda.
  • ·   El electorado boliviano rechaza al masismo tanto como a la cultura neoliberal. Una combinación de narrativa y experiencia propia.
  • ·     Fernando Cerimedo, asesor de Rodrigo Paz, fue el creador de los famosos tweets racistas de JP Velasco.
  • ·     La segunda vuelta se acepta como legal, pero su legitimidad queda muy cuestionada. Los candidatos a Presidente no necesariamente representaban a la mayoría.
  • ·    Mentir en campaña es mucho más efectivo que decir la verdad. Acudir a financiamiento de organismos internacionales, como Rodrigo Paz, con el equipo económico de Samuel, es más efectivo que ser honesto como fue Tuto Quiroga hace varios años.

Un par de semanas después del traspaso del mando hay varias conclusiones que sacar. No hay nada que sorprenda, salvo que el análisis previo haya sido contaminado por ilusiones, esperanzas, deseos o simple ingenuidad.

Rodrigo Paz se dedicó a blanquear las barbaridades de su acompañante de fórmula. Imagino que, tarde en la noche, justo después de apagar la luz, la Bibi le decía que estaba preocupada. Rodrigo afirmaba con certeza que todo está bien, un poco para evitarle el stress, pero principalmente para convencerse a sí mismo que la carga se arregla en el camino, aunque sabía y sentía que nada estaba bien. Todo sea por conseguir los votos, lo único importante en ese momento.

Rodrigo nunca proyectó tranquilidad o convicción cuando tenía que improvisar su mensaje para parchar el cotidiano agujero que perforaba su compañero de fórmula. La permanente tarea de apagar el incendiario Tiktok de Lara seguramente cambió totalmente su estrategia electoral, pero le alivió en gran manera su necesidad de ocultar su falta de contenido y propuesta electoral. El daño que el paco causaba le sirvió para llegar a un electorado que era inalcanzable para el hijito de Paz Zamora.

A estas alturas está muy claro que la brecha entre ambos personajes es insalvable. Rodrigo en su esfuerzo por construir el gobierno que soñaba, pero no pensaba, y un Lara obnubilado por los reflectores, el ruido de los medios, los guardaespaldas, la vagoneta Mercedes Benz, los aviones a disposición, y especialmente la cantidad de seguidores en sus redes, colisionan en la cima del poder.

Obviamente hay una tremenda batalla de egos y fundamentos más racionales. Uno armado de legalidad y legitimidad. El otro obnubilado de popularidad.

El problema es que esta batalla se libra en un escenario que plantea reglas distintas para cada uno:

El Estado (o “la patria” como afirma Rodrigo Paz) se circunscribe a la Constitución, las leyes y la comunicación oficial.

Edman Lara responde a la plebe (“mi gente” le dice) y al Tiktok.

No hay forma de cuantificar la legitimidad de cada uno. Bolivia es una sola, es Estado, es patria, es nación y es gente.

La única forma de dilucidar esta surreal dicotomía estará basada en los aciertos y errores de cada uno. Lo que está claro es que el resultado determinará el destino de Bolivia como país, más allá del pensamiento y convicción de cada uno de nosotros. La elección de 2025 ha determinado resultados que responden a la realidad nacional.

El voto inteligente, el voto tarado, el voto ilustrado, el voto ignorante, el voto indiferente, y el voto aleccionado, han arrojado un resultado que ha sido aceptado por todos. Ahora hay que aceptar sus consecuencias. Haber votado por Rodrigo significa haber votado por Lara, inexcusablemente. En la papeleta electoral había solamente dos opciones. No se podía votar solamente por Rodrigo, sin Lara. Reitero, el voto tiene consecuencias. Si eres parte del 55%, ganaste ¡ No tienes derecho de reclamar.  

Rodrigo Paz consiguió el 55% en la segunda vuelta. Hay quienes dicen que Lara consiguió el 60 o 70 % de los votos, es decir que Lara obtuvo el 33 o 38 % del total. Si quieren llegamos al 40% de votos por Edman Lara.

Tuto Quiroga consiguió el 45%. Edman Lara el 40%. Rodrigo Paz el 15%.

El tercero es Presidente, igual que su papá.

 

Hector Castro G. * 22 noviembre 2025